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Es sobre todo en el dibujo
donde el niño expresa más fácilmente sus quejas reprimidas,
sus agravios y sus odios. El dibujo brota más directamente
del inconsciente y consigue así esconder a su autor su
verdadero contenido... No comprendiendo el sentido de
sus dibujos y teniendo el mayor interés en no revelarlo,
el niño se siente inclinado más bien a rehusar que a ayudarnos
a descifrar el simbolismo en sus creaciones.
Con un trabajo
analítico se consigue, sin embargo, reconstruir, gracias
a esos dibujos en apariencia caóticos y dispares, una
narración gráfica que conduce al origen de estas producciones,
al traumatismo afectivo y a los sentimientos reivindicadores
que los inspiraron
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