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| cuaderno de apuntes de un maestro de arte de provincias |
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Page 1 of 4 Hace más de trece años que imparto clases de arte para niños y adolescentes, y al concluir cada curso siempre hago esta suerte de ejercicios espirituales estéticos (a la vera de Oteiza). Pretenden servir tanto de examen de conciencia como de proyección de ideas para el curso próximo. Su utilidad práctica es más que dudosa -cada maestro es tan singular como cada alumno-, pero bien pudieran servir de beneficioso contraste para otros artistas que, como este pobre maestro de arte de provincias, tienen vocación de perplejos buscadores de seres humanos en el interior de los futuros artistas…
El maestro de arte de provincias, al acabar el curso vuelve agotado y pesaroso a su estudio. Pero lo que más tristeza le causa es que durante las vacaciones sus alumnos olvidan pinceles y pinturas por juegos y baños. Y al volver al inicio del nuevo curso traen una pobre cosecha, recogida a última hora. El maestro buscará entre los nuevos alumnos el rostro despierto de su verdadero discípulo, su razón de ser y la sinrazón de ser del arte como tradición. El maestro de arte rumia su incertidumbre, como Issa, su jaikista preferido, mientras escucha la alegría de los vencejos, que anuncian un cálido verano.
Un programa ambicioso
Revisar el arte moderno internacional Pensar en figuras que pueden conectar más con su mundo (Magritte les impresionó, pero se siguen riendo -maldito tópico- de Miró, por Picasso sólo sienten curiosidad por su fama y Bacon les parece repugnante… A tan tierna edad y ya siguen el credo popular antimoderno. El año próximo creo que me decidiré por Pollock; haremos en el patio un dripping general sobre grandes superficies y no habrá problema (excepto una guerra de salpicaduras). Nota: Hay que seguir insistiendo en el arte abstracto tanto como en el figurativo (una doble misión), ya que es el capítulo que menos se trata en el colegio y proponer una serie de ejercicios (divertidos y coloristas) sobre motivos geométricos con los que conviven diariamente. Introducir el arte vernáculo y cotidiano. ¿Qué sentido tendría hablar del Gran Arte si desconocen el Arte Popular de sus mayores, de sus abuelos -la arquitectura tradicional de sus casas o las llamadas artesanías-, así como el arte cotidiano que les rodea, desde las cajas de galletas a los videojuegos? Intentaré llevarlos al Museo Etnográfico y hacer una excursión de redescubrimiento vernáculo por el pueblo viejo. Y les pediré que me traigan sus videojuegos preferidos.
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